martes, 10 de septiembre de 2013

Sobre la luz

Se cortó la luz. De la nada, sin aviso. Fue rápido pero llegué a ver el desvanecimiento. Atiné a decir "que miedo" en voz alta. Ahora pienso que fue costumbre, no miedo. Esperé un poco, muy poco. Me llevé las manos a la cara y me levanté de la silla. Tenia el celular a mano, pero sin batería. Debía acercarme a la cocina, al recoveco donde dejamos la luz de emergencia que no se había prendido. Estaba a unos... seis o siete metros. Tan oscura toda la casa. No se me acostumbraban los ojos, pero tenia que caminar. Sabia que en el medio no había nada. Ninguna silla o mesa estorbando. Camino recto hasta el recoveco. Y a los dos pasos fui realmente consciente del vacío. ¿Con que solemos llenar el vacío? Yo lo llene con ese cuerpo que aprovechaba el momento para aparecer. Un cuerpo del cual solo iba a percibir la mano. La mano llena de polvo, de telarañas. Una mano que me agarraba la mano. Sin piel. Dura. Seca. Una mano que me agarró y me quiso llevar a ver el resto. El resto del cuerpo sin piel, encorvado. Un cuerpo que jadeaba porque lo encontrara. ¡Y lo encontré! Si que lo encontré. Pero lo perdí tan rápido. La luz lo arrasó con su convulsivo baile de prende y apaga.

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