domingo, 18 de agosto de 2013

Sobre lo que se imagina

Lo que se hacia era en vano, le dije. No existían esas promesas más allá del habla. Era lógico, todos lo sabían.
Por un momento quiso, o creí que quería, preguntar si estábamos hablando de la caducidad de las palabras. Pero no lo preguntó porque ya tenia su respuesta. No hablábamos de las palabras, si no de aquello que permanece sin nacer. De todos esos días en los cuales depositamos la esperanza de vivir. No de vivir como quien dice VIVIR. Si no de esos días en los cuales nos levantamos a la hora que decíamos que íbamos a levantarnos, desayunábamos, leíamos un poco.
Y ese es el problema de los que no piden demasiado. En el afán de satisfacerse se encuentran saboteando hasta el desayuno. De tan simple, igualmente tan complicado.
Yo podía vivir así, pero no quería. Ni siquiera estaba del todo segura... ¿Algo tan simple? ¿Eso es todo?
Algo mas, tenia que existir algo mas.
Entonces nos dimos cuenta. Mas allá de las palabras y las acciones no nacidas, estaba el deseo de que nazcan. De que nazca todo de una buena vez. Pero, sobretodo, de que la conversación sea entre dos y no entre los muchos de uno mismo.

jueves, 8 de agosto de 2013

Sobre la culpa

Todo lo que tengo lo llevo conmigo 

"La verdad pura y dura es que el abogado Paul Gast robó la sopa de la escudilla de su mujer, Heidrun Gast, hasta que ella no volvió a levantarse y murió porque no pudo hacer otra cosa, al igual que le robó su sopa porque su hambre no podía hacer otra cosa, al igual que se puso su abrigo de cuello redondo y los bolsillos raídos de piel de conejo y no tuvo la culpa de que ella hubiera muerto, al igual que ella no tuvo la culpa de no levantarse más, al igual que después nuestra cantante Loni Mich llevó el abrigo y no tuvo la culpa de que la muerte de la mujer del abogado hubiera dejado libre un abrigo, al igual que el abogado no tuvo la culpa de haber quedado libre por la muerte de su mujer, al igual que no tuvo la culpa de querer sustituirla por Loni Mich, ni ésta tuvo tampoco la culpa de desear a un hombre detrás de la manta o un abrigo, o de que ambas cosas fueran inseparables, así como el invierno no tuvo la culpa de ser gélido, ni el abrigo tuvo la culpa de abrigar mucho, ni los días tuvieron la culpa de ser una concatenación de causas y efectos, ni las causas y efectos tuvieron la culpa de ser la verdad pura y dura a pesar de que se trataba de un abrigo.
Así eran las cosas: como nadie tuvo la culpa, nadie pudo evitarlo." (pag.207)

lunes, 5 de agosto de 2013

Sobre cuánto lo odio

Lo que no sirve:
tus lunares que se posan
en la ventana

que se posan
en mi nariz

que se inmiscuyen
entre otras pieles
que no debo
desgarrar