lunes, 29 de julio de 2013

Sobre las papas



Tengo cierta tendencia a vincular imágenes y personas.
Caricaturas con personas. Y las palabras que no dice el otro siempre las digo yo.
Las digo para mis adentros, para mi saber. El otro no se entera.
Entonces, con el tiempo, tengo muchas palabras que ya no son de nadie.
Y algo hay que hacer con eso. Imaginate vivir con un saco de palabras en la boca.
O la boca como saco, y las palabras como papas.  Y cuando caminas, se te caen las papas al piso. ¿Y para que? ¿Para que las voy a levantar? ¿Dónde las voy a meter?
Que se queden ahí, que otro las agarre y no entienda. O no sienta lo mismo que yo. O que, en realidad, sienta exactamente lo mismo y las deje en el piso.

Años mas tarde caminas por una calle y te preguntas porque tenes los zapatos llenos de papas.
Creo que todos vamos dejando papas en el piso, con un propósito que no conocemos, o que no existe.
Es como la gracia.
Son papas porque son palabras, y si no se dicen se caen y ya nadie las agarra.

Esto me paso ayer.
Venia masticando papas, masticando papas.
Pero mi saco no se la banca tanto como antes. No tengo mas espacios en el cuerpo, ni tampoco tengo ganas.
Entonces digo y digo pero no estaba diciendo, estaba tirando.
Y de la nada, el decir se convirtió en un juego de encestarle al saco del otro.
Lo que pasa es que el otro también tiene la boca llena, tampoco tiene mas espacios.
Y yo le tiraba papas, y se caían papas, mías suyas.
¿Las papas de cuántos estarán en juego cuando hablamos?
Me imagino que serán muchas, seremos muchos. Y ninguno tiene mas espacios.



(El propósito de la imagen me lo reservo. A veces guardarse las papas es una necesidad que nos excede)

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